martes, 16 de febrero de 2016

Conviérteme, Señor - P. Javier Leoz


Si alguien necesita libertad,
y puedo abrir puertas:
conviérteme en un pequeño libertador

Si me creo mejor que nadie,
y concluyo que mi vida es perfecta:
alienta, Señor, mi corazón con la humildad

Si pienso que, tu llamada,
es para otros: convierte, mis oídos sordos,
en antena abierta a tus Palabras

Si caigo en el error de cavilar,
que el pecado es cosa de viejos:
infúndeme una conciencia clara
para diferenciar lo bueno de lo malo.

Si me incomodo por caminar,
y me detengo en la búsqueda de tu rostro:
cambia mi cansancio en fuerzas
redobladas de inquietud apostólica               .

Si, en la preparación hacia la Pascua,
no me alimento de tu Eucaristía:
convierte mi debilidad en aprecio
por tu Cuerpo y tu Sangre.

Si este tiempo de gracia
no tiene relevancia en mi vida:
haz, Señor, que lo recupere
como un momento de reflexión.

Si me creo libre de todo,
cuando en realidad vivo esclavo de mucho:
convierte mis sensaciones, en gusto
por conocer la libertad de estar junto a Ti.

Si me siento sólo y abatido,
deprimido o angustiado:
convierte mi soledad en seguridad
de saber que Tú siempre me buscas.

Si pregunto demasiado sobre Ti
o exijo otro tanto de tu mano:
convierte mis caprichos
en comprensión de tu voluntad.

Si, como la higuera, no doy frutos,
porque me aprisiona la seducción:
convierte mi seca vida en algo fructífero.

Si siento que, Tú estás cerca,
pero no vivo según tus designios:
conviérteme en un instrumento para tu alabanza.

Si me dejo llevar por la falsa apariencia:
convierte mis impulsos en pensamientos rectos.

Si acepto las ofertas paganas
que surgen en la vida cotidiana:
conviérteme a Ti y haz que valore
lo que en verdad merece la pena.

P. Javier Leoz

lunes, 15 de febrero de 2016

No busques a otro Dios - P. Javier Leoz

No tengas a otro Dios,
Aunque alguien te diga
que existen más poderosos.

No faltes a su nombre,
será señal inequívoca
de tu vocabulario rico y respetuoso.

Edifica tu templo del espíritu,
Dios te hará ver el valor de la eternidad.

Arroja aquello que es indigno,
comprobarás la fuerza de la fe.

Tira las monedas de lo material,
disfrutarás con la riqueza de Cristo.

Adora a tu Señor,
te sentirás libre frente
a los que desean manipularte.

Guarda un espacio para tu fe,
y en la vida siempre tendrás
un lugar para oxigenarte.

No te alejes de Jesús,
y vivirás siempre feliz.

Agárrate a la cruz,
y tus sufrimientos
quedarán relativizados.

No exijas cuentas a Dios,
y todo lo que necesites,
te lo dará con creces.

Limpia el templo de tu alma,
y Dios vivirá siempre dentro de ti.

Aleja las contradicciones de tu fe,
y Cristo te construirá día a día.

Criba aquello que te devalúa,
y Dios te elevará a la cima
más insospechada.

P. Javier Leoz

domingo, 14 de febrero de 2016

El camino de la Cuaresma- P. Javier Leoz



1. Las piedras del camino de la cuaresma son las fragilidades
de nosotros. Son los obstáculos que nos impiden vivir totalmente
en Dios y, por añadidura, los que proporcionan sufrimiento a los demás.
El sacramento de la penitencia ayuda a romper con aquellas cargas
insoportables que, Dios, perdona y olvida. Lo que no favorece
a las piedras de la cuaresma es el egoísmo y la soberbia.

2. La arena del camino de la cuaresma es la oración. En nuestro
trayecto hacia la Pascua no vamos solos. Jesús nos escucha y,
además, nos habla. Para ser interlocutor de Dios y, para que Él sea
el nuestro, hace falta que creamos en Él, que esperemos en Él,
que lo sintamos junto a nosotros.  El competidor de la arena
cuaresmal es el olvido de Dios.

3. La pendiente del camino la cuaresma es la penitencia. Nos ayuda
a despojarnos de lo que nos paraliza y nos desestabiliza espiritualmente.
Todo atleta, para llegar a la meta, abraza el esfuerzo como remedio
para sus ideales. Nuestro deseo de llegar a la cumbre de la Pascua
la expresamos visiblemente (no para que nos vean) por la penitencia.
El contrincante de esta subida hacia la Pascua es la pereza, la comodidad.

4. El agua del camino de la cuaresma es la Palabra de Dios. Jesús
tiene Palabras que son agua viva y que se convierten en alimento
que sacia toda sed, en respuesta a todos nuestros interrogantes.
El peor enemigo del agua viva de Jesús son otros sucedáneos que,
desde el borde del camino, nos ofrece la sociedad del consumo.

5. El silencio del camino de la cuaresma es el encuentro personal
con Cristo. Para conocer a un amigo es necesario escucharlo,
pasar horas con él, interesarnos por su vida. La cuaresma nos ofrece
un singular regalo: el silencio como camino hacia la reflexión y como
senda para llegar hasta Jesús. El adversario del silencio es la distracción.

6. El cayado del camino de la cuaresma es la Iglesia. En ella
nos apoyamos y nos sentimos hijos  de Dios y hermanos
en la misma fe. En ella celebramos el Misterio Pascual y, en ella,
nos sentimos miembros de un gran cuerpo que es el de Jesucristo.
Un gran enemigo del cayado de la cuaresma es el laicismo puro y duro.

7. La ayuda en el camino de la cuaresma es la caridad.
Sin caridad, la vida cristiana, queda coja y no adquiere el brillo
deseado en un cristiano. El mandamiento del amor es un canto
que aprende y repite constantemente el peregrino que se encamina
hacia la Pascua. El adversario de la caridad es la avaricia personal.

8. El final del camino de la cuaresma es la Pascua. Por ella
nos aventuramos a recorrer y vivir estos 40 días de oración, ayuno
y penitencia. Morir y resucitar con Cristo es lo que vemos
al final del repecho cuaresmal. Aguardándonos la vida no nos importa
ser disciplinados por el camino, desprendidos en el camino y orantes
en el camino. Jesús nos aguarda y, si podemos llegar ligeros de equipaje,
estaremos más aptos para ayudarle a llevar la cruz. El enemigo
de la Pascua es la muerte, el pensar que ella tiene la última palabra

9. Los abismos del camino cuaresmal son las tentaciones.
La comodidad, el conformismo y la pereza ante el cambio causan
graves problemas de obesidad y de movimiento que nos impiden
avanzar con prontitud. Para vencer a la tentación es necesario poner
a Dios como único Rey y Señor. El enemigo de la tentación: la fortaleza

10. El motor del camino cuaresmal es el corazón. Un corazón
encerrado en la admiración y cuidado del propio yo es un corazón incapaz
de amar. Tenemos que recordar constantemente que el amor es la identidad
de los que son discípulos del Señor Jesús. El amor nos lleva a compartir
con los otros la carrera de la vida y es ayuda a los rezagados,
que han perdido el aliento o que se han accidentado. El enemigo
del corazón es la falta de sentimientos.

P. Javier Leoz

sábado, 13 de febrero de 2016

Cada día es una caricia del amor de Dios - P. Idar Hidalgo


Dios, hasta hoy nos ha permitido despertar cada día,
es decir, abrimos los ojos, volvemos a la conciencia
de estar en este mundo, al despertar se nos abren
nuevamente los sentidos y podemos contemplar
todas las maravillas que Dios nos da
para que podamos ser felices.
Pero quizá no siempre ni todos los días despertamos
al amor de Dios, porque nos quedamos enfrascados
en los remordimientos, en los sufrimientos tanto
del pasado como del futuro, o el miedo a lo que vendrá,
pero la vida se nos da como el maná, sólo para cada día.
Despertar cada día es tomar conciencia de ese presente,
de ese instante en que somos amados por Dios,
que nos ama con amor eterno, y descubrimos que todo
es don de Dios que todo es una caricia de su amor.
Despertar cada día es conectar nuestra alma
a lo trascendente, conectarse con el Absoluto
que es Dios, y percibir lo relativo de la criatura,
lo pasajero que es este mundo.
Despertar cada día es saber que estamos
en el mundo pero que no somos de este mundo,
que estamos de viaje, que somos peregrinos,
que somos forasteros en patria extraña.
Despertar cada día es conocer desde la fe
mi pequeñez y la grandeza del amor de Dios.
Despierta a éste nuevo día y estrénalo,
porque realmente es un nuevo día
con toda su grandeza, con todo su esplendor,
descubriendo en las próximas horas
la caricia de Dios y el milagro que es estar vivo.
P. Idar Hidalgo Domínguez

viernes, 12 de febrero de 2016

Alégrate

Si eres pequeño, alégrate;
porque tu pequeñez sirve de contraste
a otros en el universo; porque esa pequeñez
constituye la razón esencial de su grandeza;
porque para ser ellos grandes,
han necesitado que tú seas pequeño,
como la montaña para culminar
necesita alzarse entre colinas, lomas y cerros.

Si eres grande, alégrate,
porque lo inevitable se manifestó en ti
de manera excelente,
porque eres un éxito del Artista Eterno.

Si eres sano, alégrate;
porque en ti las fuerzas de la naturaleza
han llegado a la ponderación y a la armonía.

Si eres enfermo, alégrate;
porque luchan en tu organismo
fuerzas contrarias que acaso buscan
una resultante de belleza
porque en ti se ensaya ese divino
alquimista que se llama el dolor.

Si eres rico, alégrate,
por toda la fuerza que el Destino
ha puesto en tus manos
para que la derrames...

Si eres pobre, alégrate;
porque tus alas serán más ligeras;
porque la vida te sujetará menos;
porque el Padre realizara en ti
más directamente que en el rico,
el amable prodigio periódico del pan cotidiano...

Alégrate si amas;
porque eres más semejante
a Dios que los otros.

Alégrate si eres amado;
porque hay en esto
una predestinación maravillosa.

Alégrate si eres pequeño,
alégrate si eres grande;
alégrate si tienes salud;
alégrate si la has perdido;
alégrate si eres rico;
si eres pobre, alégrate;
alégrate si te aman;
si amas, alégrate;
¡alégrate, siempre,
siempre, siempre!


Amado Nervo