viernes, 25 de diciembre de 2015

Feliz Navidad 2015


Que la Navidad no sea solo una cena, una noche, una reunión o un momento de alegría. Que en sus corazones sigan siendo los pesebres donde nazca Jesús todos los días de su vida y en cada momento, sean desde donde se revele al mundo a través de sus buenas obras y su amor para con los demás
¡ Muchas felicidades !

jueves, 24 de diciembre de 2015

Mensaje de Navidad de Don Rogelio Cabrera López

EN NAVIDAD
CONTEMPLAMOS EL ROSTRO MISERICORDIOSO DE DIOS
 
La infinita misericordia de Dios se manifiesta en cada momento de nuestra vida. Él, como buen Padre, no deja de asistir a sus hijos y, para quienes vivimos la fe, no deja de sorprendernos su infinita generosidad, ya que al enviarnos a su Hijo único, el Primogénito de toda creación (Cfr. Col 1, 15), nos ha entregado la vida eterna que, gracias a su oblación, podremos gozar plenamente.

El apóstol san Juan lo declara en el Evangelio: Dios, por amor al mundo, dio a su propio Hijo, y con él todas las cosas (cfr. Jn 3,16). Al dársenos en la Encarnación, nos ha dado toda la riqueza divina a la que nosotros tenemos acceso por su infinita misericordia.

Y la mejor forma de corresponder a ese amor divino es haciendo vida su palabra, convirtiéndonos en misioneros de su misericordia, que es, como lo ha dicho el Papa Francisco: “la verdadera medicina para el ser humano y de la que todos tenemos necesidad”. Es por esto que debemos ser auténticos testigos que compartamos con los más necesitados la vida nueva a la que todos estamos llamados.

Este tiempo de Navidad, es la ocasión ideal para abrazar en la misericordia a esos hermanos que están solos, que no han encontrado un corazón abierto que les permita sentir el calor, la acogida sencilla, como la que los pastores le prodigaron a Jesús, María y José en la gruta de Belén.

Es tiempo que los cristianos nos ocupemos de lo que es importante. Si Dios mismo se ha hecho hombre, decidiendo caminar con nosotros y compartir en todo nuestra vida, menos en el pecado (Cfr. Hb 4,15), qué estamos esperando para escucharlo en aquellos que están alejados y que nos gritan con su presencia la necesidad que tienen de ser amados.

No dejemos que la celebración de la Navidad sea solo un momento de reunión festiva, hagamos de esta Navidad el momento en el que la donación de nuestro corazón se refleje en la vivencia de las obras de misericordia, las cuales serán el eslabón perfecto que nos harán unir nuestra fe en Cristo con la vivencia de su palabra.

Seamos misericordiosos, como nuestro Padre celestial es misericordioso (Lc 6,36) y que su gracia, amor y bendición descienda sobre todas las familias de nuestra Arquidiócesis, sobre las autoridades civiles y sobre todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Felices fiestas de Navidad.
 

+ Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey

miércoles, 23 de diciembre de 2015

No raciones el amor - Mensaje Espiritual



Nos sentimos mal cuando una prolongada
sequía exige racionar el agua.

Hay un racionamiento peor: racionar el Amor.

Se hace el mal cuando se deja de hacer el bien:
el amor que no se da, el diálogo que se evita,
las caricias que se niegan, el estímulo no brindado,
los bienes no compartidos.

No raciones el cariño, no seas avaro con el afecto.
El amor es un tesoro que crece cuando se ofrece.

Una feliz paradoja: más amor tienes cuanto más
amor brindas; siempre recibes más de lo que das.

Es lógico que se ahorre agua cuando escasea,
pero es absurdo que amemos a cuenta gotas
cuando la capacidad es ilimitada.

Una misión te reclama y espera lo mejor de ti:
calmar la sed de ternura y comprensión de tantos
desconocidos que pueden ser tus amigos.

Anímate a compartir y no seas de aquellos
que se mueren sin estrenar tantos talentos recibidos.

Sé generoso en el perdón, dadivoso en el afecto,
desinteresado en el servicio.
No es pecado despilfarrar el amor,

lo malo es racionarlo.

martes, 22 de diciembre de 2015

¡Tengo tanto miedo, Señor! - P. Javier Leoz



De invertir tiempo, ideas y sudor,
esfuerzo e ilusión, y como respuesta
encontrar sólo el vacío o la incomprensión.
¿Por qué me has dado tanto, Jesús?
Con menos talentos divinos,
se vive la vida más fácilmente y mejor.
Con más comodidad y sin tantos riesgos.

De no estar a la altura que Tú me marcas,
de no dar la talla en el campo de batalla:
en la familia, o en el trabajo,
en la enfermedad o en la salud,
en la palabra o en la obra.

De gastar por el camino lo que Tú me has dado,
aquello que pienso que es mío y no tuyo.
De quemarme por brindarme y ofrecerme,
o cansarme de sembrar sin recoger nada a cambio.

De que regreses y, tu fortuna, la encuentres mal empleada:
por mi falta de valentía o audacia,
por mi cobardía o desinterés,
por mi timidez o mi falta de seguridad.

De no invertir mi vida como, Tú en la cruz, lo hiciste:
con silencio, grandeza y dolor,
con perdón, humildad y sacrificio,
con fe, esperanza o misericordia.

De mirarme a mí mismo,
y viendo lo mucho que me has dado,
creer que no merece la pena arriesgarlo todo:
por Dios y por el hombre,
por la Iglesia y por el mundo,
por mis hermanos y por mí mismo.

Que vengas… y me pilles con el pie cambiado,
lejos de tus caminos y, con mis talentos,
sin  haberlos utilizado a fondo.
          P. Javier Leoz

lunes, 21 de diciembre de 2015

Mirar hacia arriba - Mensaje Espiritual

Levanta la vista y con la mirada puesta en Dios,
haz el bien, que es camino de la felicidad eterna.

Iba un pequeño barco pesquero saliendo de la orilla
del mar y ¡vaya el movimiento que se siente
en la pequeña embarcación a merced de las olas!
Se necesita ser muy del mar para no sentir el mareo
y las ganas de bajarse y echar a nadar.
La barquilla se movía graciosamente al ritmo de las olas,
pero los marineros sufrían las consecuencias de aquel vaivén...
Uno de ellos recibió órdenes de subir a un mástil,
y a medida que subía se sentía cada vez peor ...
Entonces el capitán de aquel barco le gritó:
¡Si no quieres sentirte mal, mira hacia arriba...!

Que bien nos viene esta pequeña anécdota
a todos los seres humanos:
Si no queremos marearnos con las cosas atractivas
de éste mundo, debemos mirar hacia arriba,
implorar al cielo que nos llene de deseos espirituales,
que veamos claro que en la vida no sólo se vive
para comprar cosas y satisfacernos en todo,
para así estar contentos y felices; muy por el contrario,
las cosas que llenan plenamente la vida no se pueden comprar...
porque realmente no tienen precio.

Que bien nos haría en nuestra vida
Mirar hacia arriba y pedirle a Dios:

Humildad para aceptar nuestra vida como es y conformarnos
con lo que tenemos y con lo que somos, sin desear tener mucho...

Que nos llene el alma de amor para poder vivir una vida digna,
para poder darle momentos bellos a los demás...

Que nos ayude para ser mejores, sencillos de corazón
y vivir con una auténtica alegría

Que nos enseñe a dar amor y a darnos nosotros mismos,
a los demás con verdadera entrega y desprendimiento,
sin esperar recibir todo de ellos.

Que nos ayude a ser generosos, para compartir todo
lo que Él nos ha dado, como nuestros talentos y virtudes.

Que nos de fortaleza para no apegarnos a las cosas materiales...
a nada ni a nadie, porque:

Todo lo que tenemos en esta vida, es prestado por Dios,
porque al final nada nos llevaremos, sólo las obras buenas
y la alegría de haber vivido una vida llena de Dios.
Eso es lo único que podemos llevarnos de este mundo.

No perdamos más tiempo con todo lo material
con lo que este mundo de competición, intenta
desviar nuestra mirada de lo realmente trascendente:
¡Miremos hacia arriba, Dios nos busca, Dios nos espera...!