miércoles, 18 de noviembre de 2015

Los mandamientos de la alegría

Cada mañana, cuando te levantes,
pide a Dios el don de la alegría.

Incluso en las adversidades
mantén la calma y la cara sonriendo.

En el silencio de tu corazón siempre
ten presente que Dios te quiere
y que Él siempre te acompaña.

Una y otra vez, dedica tu mirada
a observar y admirar las buenas
cualidades de los otros.

Sin ningún miramiento,
siempre aleja de tu vida la tristeza.

Evita las quejas y las críticas:
no hay nada que sea tan deprimente.

Esfuérzate en tu trabajo y en tus obligaciones
con el corazón gozoso y alegre.

Siempre ofrece a los visitantes
una acogida afable y benévola.
 
Aleja de ti los sufrimientos y piensa
como hacer llegar la alegría a los otros.

Repartiendo alegría, ten seguro
que también la obtendrás para ti mismo. 

martes, 17 de noviembre de 2015

Llena tu vida de amor

Llena tu pensamiento de amor y de dulzura.
Llena tu vida toda de esperanza
y de paz y así podrás brindar, compasión
y ternura a aquellos que no tienen,
como tú, esa bondad.

Ama tu libertad, también la de los otros,
échala por los campos, y tú corre tras ella,
y verás que te sientes como invencible potro,
o cual noble paloma que alcanzará
una estrella.

Busca siempre el porqué de las cosas
pequeñas, y verás que se agranda
tu sentido de vida. Junto a esas pequeñeces,
disfrútalas y sueña, y aquello negativo
de tu existencia olvídalo.

No te des por vencido, busca siempre
otro modo para alcanzar tus metas,
con ahínco y valor. Asómate al balcón
y verás que el sol sale para todos.
Y en especial no olvides que también, 

¡eres hijo de Dios!

martes, 10 de noviembre de 2015

¡ Sonría !

Ella sonrió a un extraño afligido.
La sonrisa pareció hacerle sentirse mejor.
El recordó la humanidad de un amigo del pasado,
Y le escribió una carta de agradecimiento.
El amigo estuvo tan a gusto con la carta,
Que dejó una gran propina después del almuerzo.
La camarera, se sorprendió por el tamaño de la propina,
por una corazonada apostó todo el dinero.
Al día siguiente recogió las ganancias,
Y le dio parte a un hombre en la calle.
El hombre de la calle fue agradecido
Por dos días no tenía nada qué comer.
Después que él comió su comida,
Salió para su cuarto pequeño y oscuro.
No supo en ese momento
Que podía estar frente a su sentencia.
En el camino recogió un cachorro que temblaba
Y lo llevó a su hogar y le dio calor.
El cachorro fue muy agradecido
por estar fuera de la tormenta.
Esa noche la casa comenzó a incendiarse.
El cachorro ladró como alarma.
Ladró hasta que despertó la casa entera
Y salvó a todos del daño.
Uno de los muchachos que rescató
creció y fue presidente. 
Todo esto a causa de una sonrisa muy simple
que no había costado un solo centavo. 

lunes, 9 de noviembre de 2015

La vida y tú - Walt Whitman

No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite
el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras
y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia
está intacta. Somos seres llenos
de pasión.

La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
No te resignes. Huye.
"Emito mis alaridos por los techos
de este mundo", dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre
pequeñas cosas, pero no podemos
remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos", te ayudan
a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros,
los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti
sin que la vivas....
Walt Whitman

domingo, 8 de noviembre de 2015

Amigo de ti mismo - P. Ignacio Larrañaga


El paso primero de la liberación
consiste en hacerse amigo de sí mismo.
La observación de la vida me llevó a la convicción
de que son pocos los que "se gustan" de sí mismos
y que son muchos los que son secretamente enemigos de sí.

A lo largo de la vida he oído a distintas personas
expresarse con distintas palabras de esta manera:
se vive una sola vez, y esta sola vez me ha tocado
en suerte un modo de ser que a mí no me gusta nada.

Ellos dicen que soy antipático (para ellos).
¡Si supieran lo antipático que soy para mí mismo!
Dicen que no les gusta mi modo de ser;
¡si supieran cuánto me disgusta a mí...!
Puedo mudar esta ropa por otra.
No puedo cambiar esta vestidura (personalidad) por otra.

Esto que soy acabará conmigo en la sepultura
cuando yo acabe.
Y pensar que se vive una sola vez
y que me haya tocado una personalidad
que a mí no me gusta...

Y acaban declarándose una guerra
de auto-exterminio psicológico.
Y de estas profundidades nacen los tipos
difíciles y conflictivos que encontramos en la sociedad.
Y a veces acaban diciendo:
parece que hubiera nacido para sufrir;
una desgracia, haber nacido.

Tengo que afirmar que no se trata de una desgracia.
Eres un regalo excelso, eres un privilegiado,
porque si tienes tres defectos, tienes treinta cualidades.
Eres una obra de artesanía elaborada
sabiamente por el Artista Divino.
Eres una obra maestra salida de las manos divinas.

Si dicen que ese universo está sembrado de maravillas,
la maravilla máxima eres tú mismo,
portador de un aliento divino e inmortal.
Sólo te hace falta una cosa: lanzarte de cabeza
en las manos potentes y amantes del Padre querido
con un amén, feliz de ser como eres;
contento de ser como eres, amigo de ti mismo ante todo.
No olvides que somos aliento y fragancia de Dios.

P. Ignacio Larrañaga