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sábado, 5 de diciembre de 2015
viernes, 4 de diciembre de 2015
Me quejé - Mensaje Espiritual
Pensaba que mi vida no estaba bien,
hablé entonces con Dios y:
Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo,
Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo,
pero no agradecí mis manos para trabajar.
Me quejé de tener que soportar el ruido
Me quejé de tener que soportar el ruido
de mis hermanos, mas no agradecí
por tener una familia.
Me quejé cuando no había lo que más me gustaba
Me quejé cuando no había lo que más me gustaba
para comer, pero olvidé agradecer por tener que comer.
Me quejé por mi salario,
Me quejé por mi salario,
cuando miles ni siquiera tienen uno.
Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto
Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto
al buscar unos libros, pero no pensé en que muchos
no tienen hogar donde tener las luces encendidas.
Me quejé por no poder dormir 10 minutos más,
Me quejé por no poder dormir 10 minutos más,
olvidando a quienes darían todo por tener
su cuerpo sano poder levantarse.
Me quejé por tener que trabajar al día siguiente,
Me quejé por tener que trabajar al día siguiente,
olvidando que muchos no tienen trabajo
que les permita llevar sustento a su familia.
Me quejé porque mi madre me reprendía,
Me quejé porque mi madre me reprendía,
cuando millones desearan tenerla viva
para poder honrarla y abrazarla.
Me quejé pues tenía que dar una charla s
Me quejé pues tenía que dar una charla s
obre Jesús a unos jóvenes, olvidando el privilegio
que es poder hablar a otros de Jesús.
Dios me mostró en aquel momento la verdad
Dios me mostró en aquel momento la verdad
y entonces comprendí lo ingrato que había sido
con Él, y comencé a agradecer por las cosas
que había olvidado, y aún más aquellas
por las que tanto me quejaba.
Espero que tú no cometas el mismo error
Espero que tú no cometas el mismo error
que yo estaba cometiendo
jueves, 3 de diciembre de 2015
Si estoy sentado, levántame, Señor - P. Javier Leoz
Si dudo de tus promesas;
levanta mi fe, Señor.
Si aumentan mis pesares;
alza mi ánimo, Señor.
Si me acosan mil dificultades;
haz inmensa mi fortaleza, Señor.
Si mi interior se acobarda;
reaviva mi espíritu, Señor.
Si me ciegan los ídolos;
dirige mi vista hacia Ti, Señor.
Si me enloquece la apariencia;
lleva mi corazón a Ti, Señor.
Si mi cabeza se inclina;
sostenla para poder verte.
Si me encuentro esclavo;
rompe mis cadenas para poder caminar.
Si me encierro en mí mismo;
reorienta mi alma hacia Ti, Señor.
Si me conformo con lo que veo;
recupera mi afán de buscarte.
Si sufro por la ansiedad;
alimenta en mí la conformidad
Si prefiero la comodidad;
llámame y ponme en pie, Señor.
Si duermo y no te espero;
abre mis ojos y despiértame, Señor.
Si me despisto y no te busco;
espabílame y condúceme, Señor.
Si me equivoco de dirección;
recondúceme y reoriéntame, Señor.
Si prefiero otros señores;
háblame y hazme ver tu grandeza.
Si no tengo miedo a nada;
dame fe y dame tu santo temor.
Si me creo único e invencible;
acércate y dame humildad.
Si pasa el tiempo y desespero;
ayúdame y ven a mi encuentro en Navidad.
Amén.
P. Javier Leoz
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Mi colección -Victoria Lucía Aristizábal
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martes, 1 de diciembre de 2015
Manos de Cristo-Mensaje Espiritual
Manos de Cristo, manos de carpintero
Yo no imagino aquellas manos forjando
lanzas, forjando espadas.
Ni diseñando nuevos modelos de bombarderos.
Aquellas manos, manos de Cristo,
fueron las manos de un carpintero.
Manos de Cristo encallecidas.
Labrando cunas, haciendo arados, labrando vidas.
Yo no imagino aquellas manos
entretenidas entre cañones, entre granadas.
Aquellas manos encallecidas
se encallecieron labrando vidas.
Manos de Cristo, manos divinas de carpintero.
Yo no imagino aquellas manos
cristalizando tareas humanas,
sino forjando labor creadora.
Aquellas manos, manos de obrero,
edificaron hora tras hora
Entre las manos felicitadas,
que hacen cruceros y bombarderos,
¡no están las suyas!
Las suyas llevan marcas de clavos.
Son manos heroicas, de sacrificio.
Aquellas manos, manos sangrientas.
Fuertes, nervudas, manos de acero.
Son manos recias de carpintero,
que quietamente labran nuestras vidas.
Ni diseñando nuevos modelos de bombarderos.
Aquellas manos, manos de Cristo,
fueron las manos de un carpintero.
Manos de Cristo encallecidas.
Labrando cunas, haciendo arados, labrando vidas.
Yo no imagino aquellas manos
entretenidas entre cañones, entre granadas.
Aquellas manos encallecidas
se encallecieron labrando vidas.
Manos de Cristo, manos divinas de carpintero.
Yo no imagino aquellas manos
cristalizando tareas humanas,
sino forjando labor creadora.
Aquellas manos, manos de obrero,
edificaron hora tras hora
Entre las manos felicitadas,
que hacen cruceros y bombarderos,
¡no están las suyas!
Las suyas llevan marcas de clavos.
Son manos heroicas, de sacrificio.
Aquellas manos, manos sangrientas.
Fuertes, nervudas, manos de acero.
Son manos recias de carpintero,
que quietamente labran nuestras vidas.
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